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sábado, 17 de enero de 2026

Educación, matrimonio y miedo: un debate que no ha terminado

Leemos literatura para reconocer el pasado, sí, pero también para reconocernos. En estas páginas descubrimos de dónde vienen ciertas ideas que aún circulan, con otras palabras, en nuestros debates contemporáneos. La literatura no sólo nos cuenta lo que fuimos: nos ayuda a entender por qué todavía estamos discutiendo lo mismo. Y, en ese reconocimiento, quizá, a imaginar otras formas de relación donde el amor no sea una imposición, sino una elección compartida.

El diálogo que vamos leer no es sólo una escena de época: es un espejo incómodo. En él se enfrentan dos concepciones del mundo que, aunque formuladas con palabras decimonónicas, siguen resonando hoy con una inquietante familiaridad: las mujeres son seres humanos con sentimientos, deseos y derecho a no amar.
Resulta especialmente revelador que el detonante del conflicto sea la educación. “Ahora sabe tanto la gente”, repite el personaje masculino con desdén, como si el conocimiento fuera una amenaza y no una posibilidad de emancipación. La instrucción aparece aquí como culpable de la ruptura del orden conyugal, no porque destruya el amor, sino porque permite nombrar su ausencia. La escena deja al descubierto una lógica profundamente desigual: al hombre se le concede la libertad; a la mujer, el miedo. El “temor del marido” se presenta como fundamento de la convivencia, y el amor, cuando falta, debe ser sustituido por la obligación. La frase “se la obliga a quererlo” concentra con crudeza una violencia que durante siglos fue naturalizada, legitimada por la ley, la religión y la costumbre. Frente a ello, la voz femenina del texto —aun derrotada en el plano social del diálogo— introduce una grieta irreparable: el amor no puede imponerse. Decirlo parece obvio hoy, pero no lo fue, y quizá no lo es del todo todavía. Esa afirmación sencilla pone en cuestión un modelo entero de familia, de autoridad y de género.


—Y ella —decía el abogado, sonriendo, al tiempo que yo pasaba a su lado— declaró redondamente a su marido "que no podía ni quería vivir con él, porque..." 

—Pero, ¿qué mal hay en la instrucción? —preguntó la señora con una sonrisa apenas perceptible—. ¿Sería mejor casarse como en tiempos pasados, cuando los novios no se veían siquiera antes del matrimonio? —continuó, respondiendo, según la costumbre de muchas señoras, no a las palabras de su interlocutor, sino a las que creía que iba a decir—. Las mujeres no sabían si llegarían a amar, ni si serían amadas; se casaban con el primer advenedizo, y después lo lloraban toda la vida. ¿Por lo visto, según ustedes, las cosas andaban mejor de esa manera? —prosiguió, dirigiéndose patentemente al abogado y a mí, y no, ni por asomo, al viejo. 
—¡Ahora sabe tanto la gente! —repitió este último, mirando con desdén a la señora, y dejando sin respuesta su pregunta. 
—Desearía saber cómo explica usted la correlación entre la instrucción y los disentimientos conyugales —dijo el abogado, sonriendo ligeramente.
—En otro tiempo, ni siquiera sucedían esas cosas... ¿No es verdad? —añadió con una sonrisa amable.(...)
Cuando el anciano hubo acabado, se encasquetó la gorra hasta los ojos, y dijo: —Sí, señor; eso sucedía también antes, pero menos... En los tiempos que corren, es natural que ocurra con más frecuencia... ¡Ahora sabe tanto la gente!...
Quiso responder algo el comerciante, pero la señora lo atajó. (...)
—La educación no engendra más que tonterías —dijo el viejo resueltamente. 
—Casan a los que no se quieren y luego se sorprenden que no vivan en armonía ... —se apresuró a decir la señora, dirigiendo una mirada al abogado, a mí, y también al viajante, que escuchaba de pie y sonriente, puesto de codos sobre el respaldo del asiento—. 
Los animales son los únicos que se pueden unir a voluntad del amo, pero las personas tienen inclinaciones, afectos —decía la señora con la intención evidente de desazonar al mercader. 
—No dice usted bien, señora —replicó el viejo—; los animales son bestias, y el hombre ha recibido la ley.
 —Pero, con todo eso, ¿cómo vivir con un hombre cuando no hay amor? —continuaba la señora, apresurándose a emitir opiniones que debían parecerle muy nuevas. 
—Antes no se hacían semejantes distinciones —replicó el viejo en tono grave—; ahora es cuando ha entrado eso en las costumbres. En seguida que ocurre la cosa más pequeña, dice la mujer: "Ahí te quedas; yo me voy de esta casa". Hasta entre los aldeanos se ha impuesto la moda: "Toma —dice ella—, aquí tienes tus camisas y tus calzones; ¡yo me voy con Vanka, que tiene el pelo más rizado que tú!" ¡Vaya usted a entenderse con ésas! 
Y, sin embargo, lo primero para toda mujer debe ser el temor. 
El viajante nos miró al abogado, a la señora y a mí, reprimiendo una sonrisa, y dispuesto a burlarse de las palabras del comerciante o a aprobarlas, según la actitud de los demás. 
—¿Qué temor? —preguntó la señora. —¿Qué temor? ¡El temor del marido! ¡Ése! 
—Eso, señor mío, se acabó. 
—No, señora; eso no puede acabar. Eva, la mujer, fue creada de una costilla del hombre, y no será otra cosa hasta el fin del mundo —dijo el viejo, meneando la cabeza tan severamente y con tales aires de triunfo, que el viajante, creyendo decidida en su favor la victoria, soltó el trapo a reír. 
—Sí, eso piensan ustedes los hombres —replicó la señora, sin darse por vencida, y volviéndose hacía nosotros —. Ustedes se han reservado la libertad para su uso; en cuanto a la mujer, quieren encerrarla en el serrallo. A ustedes les es permitido todo, ¿verdad? 
—Nada de eso; lo que hay es que si el hombre anda en malos pasos fuera de su casa, por eso no se aumenta la familia; pero la mujer, la esposa, es un vaso frágil —continuó el comerciante con la misma severidad. 
Su tono autoritario subyugaba evidentemente al auditorio. La misma señora se veía derrotada, aunque no se rendía. 
—Sí; pero usted admitirá, supongo, que la mujer es un ser humano y tiene sentimientos, como el hombre. ¿Qué debe hacer si no quiere a su marido? 
—¡Si no lo quiere! —repitió el viejo frunciendo el ceño—, ¡Pues no faltaba más! ¡Se la obliga a quererlo! 
Este argumento inesperado pareció de perlas al comisionista, que se creyó en el caso de acogerlo con un murmullo de aprobación. 
—No tal; no podrá obligársela —objetó la señora—. Cuando no hay cariño, no se puede obligar a nadie a querer a su pesar.

Fragmento de La Sonata de Kreutz, Leon Tolstoi





 

miércoles, 24 de septiembre de 2025

Del relato Veinticuatro horas en la vida de una mujer

 

"La vida es un error si no se vive para un propósito determinado"

Del relato "Veinticuatro horas en la vida de una mujer", del autor Stephan Zweig

jueves, 16 de enero de 2025

De dónde viene la percepción social que asocia la maldad con las mujeres

 



A menudo nos preguntamos de dónde viene la percepción social que asocia la maldad con las mujeres.

La respuesta la encontramos a lo largo de la historia, desde que tenemos noticia del pensamiento humano.

El término misoginia está formado por la raíz griega "miseo", que significa odiar, y "gyne" cuya traducción sería mujer, y se refiere al odio, rechazo, aversión y desprecio de los hombres hacia las mujeres y, en general, hacia todo lo relacionado con lo femenino, todo ello manifestado con la denigración, rechazo, discriminación e incluso violencia contra ellas.

Aristóteles decía: sostenía que la mujer existe como una deformidad de la naturaleza o como hombres imperfectos. 

Hoy pondré un ejemplo de una obra literaria, aunque hay muchos. Leemos en la obra Corbacho:

"El libro es un tratado, entre cínico y divertido, contra el amor mundano y las “malas condiciones de las perversas mujeres”.

La mujer es un compendio de todas las tachas, es ambiciosa, maldiciente, codiciosa, presumida, envidiosa, fingidora, mentirosa.

El hombre debe guardarse de ellas y sólo amar a Dios".









martes, 17 de diciembre de 2024

Soneto donde vemos la socialización de la mujer a lo largo de la historia


 

Creo que, si leemos con atención el soneto de Miguel Hernández, entenderemos fácilmente la socialización que ha recibido la mujer a lo largo de la historia. 

Las mujeres no debían aceptar fácilmente un beso de un hombre, aunque fuese su novio; mucho menos, acceder a mantener relaciones más íntimas. He empleado conscientemente los verbos "aceptar" y "acceder", pues era el hombre quien debía tener la iniciativa; ella, nunca. Si la mujer daba el paso en primer lugar, tanto él como su entorno y la sociedad en general hablaban mal de ella, era criticada y rechazada. "Era una mujer fácil." Así que, las mujeres solían cuidarse mucho para no adquirir mala fama. Los hombres hablaban mal de ellas, pero a la vez querían tener ese tipo de relaciones. Como vemos, se produce una contradicción, y así, se crea la doble moral: una mujer para el sexo y otra para casarse: la doble moral. Aunque Miguel Hernández escriba este poema en la década de los treinta del siglo XX, siguió produciéndose en las siguientes décadas. De modo que, en la década de los ochenta se llamaba a las chicas que se cuidaban "estrechas", y si mantenían relaciones, "fáciles." Puede parecer que ahora hemos avanzado en este sentido, pero no es cierto. Hoy día sigue ocurriendo. Se las llama con adjetivos despectivos a las chicas si tienen relaciones. Los chicos también las tratan despectivamente, y se creen con derecho a todo con "esas chicas", y si no fuerzan la situación para obtenerlo. Cada vez conocemos más casos de ese tipo de violencia en edades cada vez más tempranas.

 

SONETO

Te me mueres de casta y de sencilla:

estoy convicto, amor, estoy confeso

de que, raptor intrépido de un beso,

yo te libé la flor de la mejilla.

 

Yo te libé la flor de la mejilla.

y desde aquella gloria, aquel suceso,

tu mejilla, de escrúpulo y de peso,

se te cae deshojada y amarilla.

 

El fantasma del beso delincuente

el pómulo te tiene perseguido,

cada vez más patente, negro y grande.

 

Y sin dormir estás, celosamente,

vigilando mi boca ¡con qué cuido!

para que no se vicie y se desmande.

                                     Miguel Hernández

                                     El rayo que no cesa


Sombras sobre la ría: Mi participación en la antología "España Noir"

                                             Hoy es un día de celebraciones. Tras meses de trabajo, por fin sale a la venta España Noir , un...