A lo largo de estos días he compartido
distintas reflexiones sobre la lectura. Pero hoy quiero detenerme en la
escritura. En ese gesto íntimo, a veces silencioso, que consiste en poner
palabras allí donde antes solo había intuición, emoción o incluso desconcierto.
Escribir no es solo crear. Es, sobre
todo, comprender.
En esa necesidad nace La niña de la lluvia fina.
Un poemario que recorre la infancia, la memoria, los paisajes emocionales y
sociales que nos configuran. Un libro donde la lluvia no es solo un elemento
atmosférico, sino una forma de mirar el mundo: persistente, delicada,
constante.
En sus páginas hay vida cotidiana,
historia, identidad, aprendizaje, heridas y reconstrucción. Hay una búsqueda:
la de encontrar sentido a la experiencia a través de las palabras.




