La idea de escribir el poemario surge desde la comprensión y el deseo de que la enfermedad mental deje de ser un estigma. Porque durante demasiado tiempo se ha reducido a quienes la viven a etiquetas, a silencios incómodos, a miradas que juzgan antes de escuchar.
La locura, como tantas otras realidades humanas, no
debería ser sinónimo de exclusión. Es una experiencia compleja, a veces
dolorosa, pero también profundamente humana. Y, sobre todo, tratable. Hoy en
día, con el acompañamiento adecuado y la medicación necesaria, muchas personas
pueden llevar una vida plena, estable y significativa.
Este poemario nace con la intención de romper ese
estigma. De mostrar que detrás de cada diagnóstico hay una persona con
historia, con sensibilidad, con voz. Que no son “otros”, sino parte de
nosotros. Que la fragilidad no invalida la dignidad ni la capacidad de vivir.
Escribir sobre la locura es, para mí, una forma de
acercarla, de hacerla visible sin prejuicios. De convertir el miedo en empatía.
De abrir un espacio donde se pueda hablar, sentir y entender.
Porque tal vez, al nombrarla de otra manera, deje de
ser una enfermedad estigmatizada y empiece a ser vista como lo que realmente
es: una realidad que merece respeto, cuidado y humanidad.

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