Gertrud
Woker nació en 16 de diciembre de 1878 en Berna (Suiza). Terminó la escuela con
excelentes calificaciones y, aunque ella quería continuar sus estudios, su
padre pensó que era más conveniente enviarla a Érfurt (Alemania) con su tío,
que era médico jefe en un hospital, para que recibiera formación en economía
doméstica.
Pero
no renunció a sus sueños; estudiaba matemáticas por la noche para presentarse a
un posible examen de ingreso.
Finalmente,
la familia accedió a que continuara sus estudios, comenzando su formación en
química orgánica en la Universidad de Berna, en 1900. Se graduó en 1903.
En 1907 se convirtió en la
primera profesora de química del mundo germanohablante. En 1911, tras sus
primeras publicaciones científicas, le ofrecieron una cátedra en Leipzig. Pero
rechazó la oferta porque en Berna le ofrecían mejores condiciones de trabajo,
aunque esas promesas nunca se cumplieron y Gertrud Jan Woker tuvo que luchar
toda su vida por tener un salario decente.
Desde 1911 hasta su jubilación en 1951 dirigió el
laboratorio de biología físico-química de la Universidad de Berna, en el que,
con sus colaboradores, estudió diversos problemas de catálisis.
En 1917 señaló la toxicidad de
la gasolina con plomo y dio algunas sugerencias para producir combustible sin
ese metal.
Estudió también los efectos de
las sustancias químicas en las personas, como los efectos de los gases
venenosos empleados durante la guerra.
Durante un viaje de estudios a
Berlín, Gertrud Jan Woker entró en contacto con el movimiento de mujeres de
esta ciudad y comenzó a reivindicar el derecho al voto femenino y otras
cuestiones relativas a mujeres en la universidad.
Desde 1917, reclamó “un salario
igual por un trabajo igual”, hecho que la puso en contra de las autoridades
académicas de Berna.
Asi que, tras su brillante
comienzo, su carrera se detuvo. Todas las solicitudes de extensión de su
laboratorio o de aumento de salario fueron rechazadas.
Además, y contrariamente a lo que se pensaba en la época,
Gertrud Jan Woker veía las ciencias naturales en un contexto más amplio: en
1911 presentó una propuesta para fusionar la química y la biología en una nueva
disciplina, la bioquímica, sugerencia que fue ridiculizada por sus pares.
Sus conflictos con la universidad se intensificaron
cuando se mostró contraria a la utilización de investigaciones científicas con
fines militares. Gracias a sus conocimientos en biología y química, reconoció
enseguida las consecuencias catastróficas de la guerra y, en sus libros y
conferencias, criticó el uso de gases tóxicos en las trincheras.
Gertrud Jan Woker estimaba que los científicos tenían la
responsabilidad de asegurarse de que su ciencia no fuera utilizada con fines
bélicos.

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