Desde
su infancia tuvo un gran interés por aprender, de hecho aprendió muy pronto a
leer y escribir; en clase se aburría porque no le gustaba la forma de
enseñanza, incluso llegaron a suspenderle algún examen porque no sabía de
memoria el alfabeto, aunque leía mucho con el afán de aprender. Siguió formándose
por su cuenta, de modo que a los catorce años tradujo dos libros del francés,
que su padre se ocupó de que fueses imprimidos. Asimismo, estudiaba música,
escribía poemas que, en más de alguna ocasión, publicó en periódicos.
Participaba
en reuniones con escritores en las que participaba de igual a igual en un
momento histórico en que esto estaba vedado a las mujeres. Escribía letras de
música, y publicó la novela Misterios del Plata.
Entre
1852 y 1854 dirigió en Brasil O Journal das Senhoras,
el primer periódico de Latinoamérica destinado al público femenino.
Regresa a Buenos Aires y en 1854 funda
en Buenos Aires Álbum de Señoritas.
En estos medios expuso sus ideas de
igualdad de la mujer y, por otro lado, de la educación popular; es decir, la
educación para todos los niños y niñas.
Juana trajo a su país nuevas ideas y
experiencias que pensaba que podían servir para sentar las bases de una sociedad
más justa, pero fueron rechazadas. Decía que la educación para todos eliminaba
la desigualdad, hacía críticas a los gobiernos por no invertir en educación y
reclamaba los mismos derechos para las mujeres y los niños y niñas.
En su novela La familia del comendador explicó su postura
contra la esclavitud, pero no sentó bien en su país, que siguió ignorándola y
tomó sus palabras como un escándalo.
Conoció a Domingo Faustino Sarmiento,
que siempre la apoyó, incluso la nombró directora de una escuela para niños y
niñas. Desde ese momento se dedicó totalmente a la educación: enseñó, dirigió
una escuela para ambos sexos, desarrolló nuevos planes de estudio en varias
escuelas, supervisó y mejoró la labor de los maestros, promovió la creación de
jardines de infantes, creó bibliotecas populares, ofreció charlas, tradujo
obras de educación.
Logró avanzar con escuelas mixtas, la
plantilla de asistencia, la eliminación de castigos corporales y la enseñanza
del inglés, entre otras cuestiones.
A pesar de su trabajo, a favor de los
más desfavorecidos, no fue reconocida en su país e incluso fue agredida en
alguna ocasión.
Al final de sus días, A pesar de
sentirse débil y estar enferma siguió enseñando a leer y a escribir a los niños
que vivían en su humilde barrio hasta sus últimos días

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