Carmen Baroja nació el 10 de diciembre de 1883 en
Pamplona, murió en Madrid en 1950. Escritora y etnóloga. También se dedicó a la
orfebrería; escribió artículos sobre estas materias; catálogos y varios libros.
En Madrid, compartió taller con su hermano Ricardo, con quien también estudiaba
y discutía las diferentes técnicas de trabajo para sus diseños de orfebrería.
Carmen Baroja apenas ha pasado a la historia
literaria y cultural, como tantas otras mujeres que eran hermanas, hijas,
madres, esposas de hombres conocidos por su profesión. En este caso Carmen
Baroja pasa a la historia solo por ser hermana del Pío y Ricardo, así como por
ser la madre de Pío Caro Baroja.
Sin embargo, Carmen fue una de las grandes
exponentes de la cultura madrileña durante los años de preguerra, coetánea, por
tanto, de Valle-Inclán, Azorín, Lorca, Dalí, Buñuel...
En 1926 puso en marcha el teatro de cámara: El
mirlo blanco, en el salón de la casa familiar. Compartió este proyecto con sus
hermanos y amigos, Valle-Inclán, Azorín y Manuel Azaña, Isabel Oyarzabal y
Magda Donato.
Participó activamente en la fundación del Lyceum
Club Femenino, en él encontró el espacio adecuado para dar a conocer sus
escritos y dar salida a sus inquietudes artísticas. También era importante su
papel en el Lyceum, ya que organizaba conferencias y exposiciones.
Aunque la Dereha y la Iglesia Católica atacaban al
Lyceum acusando a sus asociadas de promover el ateísmo y la destrucción de la
familia, Carmen Baroja entendía que las mujeres debían participar en los
cambios sociales de la época.
Su libro más famoso son unas memorias tituladas:
"Recuerdos de una mujer de la Generación del 98". Durante mucho
tiempo, las memorias de Carmen Baroja permanecieron inéditas y olvidadas. Esta
obra inacabada refleja inteligencia, sensibilidad y sentido del humor, un humor
algo cruel y pesimismo existencial.
En sus memorias, Carmen Baroja se reivindica como
una persona que formaba parte de esa generación; es una de las pocas mujeres
que reivindica así su pertenencia a un grupo literario o cultural. Y la
reivindicación tiene fundamento, ya que Carmen Baroja fue una de las artífices
del desarrollo de esta generación, gracias, sobre todo, a la realización y
creación del cenáculo teatral, ya mencionado: "El mirlo blanco", en
el que un grupo de los mejores dramaturgos de la época representaron sus obras
como opción a la decadencia de las salas comerciales en Madrid.
A través de las memorias, sabemos cómo se formó el
Lyceum Club Femenino y los inconvenientes con los que se encontraron.
Así, sus memorias son el reflejo de una época, por
lo que se pueden considerar memorias históricas. Pero también muestran a una
artista reprimida, a una mujer que debió seguir las normas sociales de la
época, a una hija, hermana, esposa y madre que estuvo siempre a la sombra de
los hombres.

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