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martes, 19 de noviembre de 2024

Nunca te metas donde corras peligro

 


Recientemente, he releido este cuento de El Conde Lucanor, y he recordado el discurso coercitivo que se produce entre iguales. El discurso coercitivo que se produce entre los niños y niñas y jóvenes da lugar a menudo a graves consecuencias para aquellas personas que hacen cosas por influencia y no por lo que hubiera sido su gusto. "Los resultados de las investigaciones muestran que el discurso coercitivo frecuentemente se reproduce a través de las interacciones entre el grupo de iguales, pero también evidencian que no todas son iguales y que existen formas alternativas de interacción que abren la posibilidad de una socialización más libre de toda esa coerción, a través de la cual las chicas y los chicos pueden construir relaciones más saludables." Diario Feminista 


                         Lo que sucedió a un ciego que llevaba a otro

En esta ocasión hablaba el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, de esta manera:

-Patronio, un familiar mío, en quien confío totalmente y de cuyo amor estoy seguro, me aconseja ir a un lugar que me infunde cierto temor. Mi pariente me insiste y dice que no debo tener miedo alguno, pues antes perdería él la vida que consentir mi daño. Por eso, os ruego que me aconsejéis qué debo hacer.

-Señor Conde Lucanor -dijo Patronio-, para aconsejaros debidamente me gustaría mucho que supierais lo que le ocurrió a un ciego con otro.

Y el conde le preguntó qué había ocurrido.

-Señor conde -continuó Patronio-, un hombre vivía en una ciudad, perdió la vista y quedó ciego. Y estando así, pobre y ciego, lo visitó otro ciego que vivía en la misma ciudad, y le propuso ir ambos a otra villa cercana, donde pedirían limosna y tendrían con qué alimentarse y sustentarse.

»El primer ciego le dijo que el camino hasta aquella ciudad tenía pozos, barrancos profundos y difíciles puertos de montaña; y por ello temía hacer aquel camino.

»El otro ciego le dijo que desechase aquel temor, porque él lo acompañaría y así caminaría seguro. Tanto le insistió y tantas ventajas le contó del cambio, que el primer ciego lo creyó y partieron los dos.

»Cuando llegaron a los lugares más abruptos y peligrosos, cayó en un barranco el ciego que, como conocedor del camino, llevaba al otro, y también cayó el ciego que sospechó los peligros del viaje.

»Vos, señor conde, si justificadamente sentís recelo y la aventura es peligrosa, no corráis ningún riesgo a pesar de lo que vuestro buen pariente os propone, aunque os diga que morirá él antes que vos; porque os será de muy poca utilidad su muerte si vos también corréis el mismo peligro y podéis morir.

El conde pensó que era este un buen consejo, obró según él y sacó de ello provecho.

Y viendo don Juan que el cuento era bueno, lo mandó poner en este libro e hizo unos versos que dicen así:

Nunca te metas donde corras peligro
aunque te asista un verdadero amigo.

                                                     El Conde Lucanor, de Don Juan Manuel




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